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jueves, 15 de octubre de 2020

Las claves de una buena narrativa o cómo ayudar a los niños a entender sus emociones y el mundo que los rodea

La estrategia de conectar y redirigir consiste en mirar incondicionalmente a tu hijo, mantener la calma y, en último lugar, en caso de que no se pueda solo, pedir ayuda

Son las dos de la madrugada de un día cualquiera en un hospital cualquiera cuando Marta da a luz a su hijo Daniel. El momento del parto es, sin lugar a dudas, una de las situaciones más estresantes y traumáticas que ambos van a experimentar a lo largo de sus vidas. Los neonatos como Daniel vienen a este mundo con un gran conjunto de necesidades, impulsos, emociones, instintos y sensaciones. El pequeño Daniel no es consciente de sus necesidades ni de sus emociones, solo experimenta displacer pero no entiende nada. Por este motivo, todos los mamíferos, y los primates en concreto, necesitamos de un adulto significativo que nos cuide, nos proteja y se encargue de atender nuestras necesidades con amor y respeto.

El proceso mediante el cual sintonizamos con las necesidades de nuestros hijos, las legitimamos, se las cubrimos y les damos una explicación de lo ocurrido se llama mentalización. Y es que, como decíamos antes, los bebés no son conscientes de lo que necesitan, de sus emociones ni de sus sensaciones, motivo por el cual precisan de una figura de apego que les mentalice, o lo que es lo mismo, que les narre y les explique lo que está ocurriendo en su cuerpo, en su cabecita o en el exterior. Pongamos un ejemplo para entender mejor el concepto de mentalización y su relevancia. Cuando estamos cambiándole el pañal a nuestro bebé, no solo le decimos “te estoy cambiando porque te has hecho pis” sino que vamos más allá, tratando de conectar y explicitar sus sensaciones, emociones y estados mentales: cariño, te estoy cambiando el pañal porque te sientes incómodo y estás sucio. Ya verás qué limpito y qué bien te vas a sentir ahora cuando te cambie. En definitiva, la mentalización consiste en ponerle palabras a los afectos, o lo que es lo mismo, utilizar el hemisferio izquierdo para darle un sentido y una coherencia al hemisferio derecho.

En todas las formaciones para madres, padres y maestros que llevo a cabo explico la importancia de conectar y redirigir ante un estado emocional intenso como puede ser la rabia, la tristeza, el miedo, los celos o la vergüenza. Conectar y redirigir es una estrategia de Daniel Siegel, psiquiatra y autor del libro El cerebro del niño. ¿En qué consiste conectar y redirigir? Dicha estrategia busca atender la emoción del niño antes de darle una explicación.

En la fase de conexión tratamos de ser empáticos con la necesidad que experimenta el menor, es decir, entendemos su rabia, lo mal que se pasa cuando sienten miedo o lo difícil que es asumir que hoy no esté su mejor amigo para jugar con él. Simplemente aceptamos, normalizamos y legitimamos su estado emocional. Para ello debemos agacharnos, ponernos a su altura, mirarles a los ojos, mostrarnos interesados en cómo están, abrazarles, darles la mano, etc. Una vez que nuestra postura corporal, nuestra actitud y el paso del tiempo hayan rebajado la intensidad de la emoción y se encuentren más tranquilos gracias a nuestra conexión con ellos, será el momento de pasar a la fase de redirección. Solo pasamos a esta fase si hemos logrado tranquilizarles lo suficiente como para que nos puedan escuchar Cómo influye el orden de nacimiento de los hijos en su personalidad Cómo y por qué hay que educar a los niños en el aquí y el ahora

Por ejemplo, cuando nuestros hijos están enfadados, no pueden pensar ni tienen el control sobre su conducta, motivo por el cual precisan que conectemos con ellos el tiempo suficiente hasta que hayan alcanzado el equilibrio emocional. Sí pero, ¿cuánto dura la fase de conexión? ¿Cuánto tiempo tengo que estar conectando con él o con ella? La respuesta es sencilla: lo que necesite el niño. Unos niños necesitan más, otros menos. En algunas situaciones necesitan más tiempo y en otras menos. A veces serán pocos segundos, en otras ocasiones alguna que otra hora. Ahora bien, en ocasiones, el menor no quiere ser abrazado o tocado en la fase de conexión. Es normal y lo único que podemos hacer es respetarle. En ese momento, está ubicando en ti la causa o la culpa de su rabia. No te lo tomes de manera personal, solo comprende y acepta que no sabe gestionar la emoción y en alguien tiene que descargarla (te ha tocado). Mantente cerca de él, aunque respetando que no haya contacto físico, pero nunca te marches, si no se sentirá abandonado y no mirado incondicionalmente. Muéstrate disponible física y emocionalmente para cuando te pueda necesitar o sea el momento en que quiera conectar contigo. Si nos vamos de la habitación o del lugar donde estemos, el mensaje que le estaremos transmitiendo implícitamente al niño es que expresar sus emociones, mostrarse necesitado y vulnerable no es bueno, por eso mi madre o mi padre se van. El mensaje inconsciente que le trasladaremos será: si quieres que me quede, no llores. Ahora bien, si vas a llorar, me voy. Es probable que a medida que vayamos aplicando la estrategia de conectar y redirigir, el menor vaya poco a poco aceptando que haya contacto físico y verá los beneficios de gestionar sus emociones de esta manera y con tu estimable ayuda.

En la fase de redirección tratamos de darle una explicación o una narrativa a lo que ha ocurrido para que ellos lo puedan entender. Recordemos que los niños no perciben las cosas como lo hacemos los adultos. Imaginemos que Julia quiere montar en bicicleta esta tarde después del colegio, pero no se acuerda de que una rueda está pinchada. En el momento en que su padre le recuerda que no puede montar en bicicleta, Julia se enrabieta. Su padre, con muy buen criterio, se agacha, se pone a su altura y mirándole a los ojos le dice: “Julia, cariño, entiendo perfectamente que te sientas enfadada por no poder disfrutar de tu bicicleta. Es normal que estés así, a mí me pasaría lo mismo (mientras le da un abrazo, una caricia en el hombro o un beso)”. Esta es una de las muchas maneras que tenemos de conectar con nuestros hijos, pues implica respetarles, mirarles incondicionalmente y legitimar sus emociones. A continuación, cuando el padre de Julia ha visto que ha conectado lo suficiente con ella y está más tranquila, puede iniciar la fase de redirección: “Julia, estás enfadada porque querías montar en bici pero no puedes porque está pinchada la rueda. Cada vez que queremos hacer algo y no lo logramos aparece una emoción que se llama rabia. Es normal. A todos nos pasa. Por eso el corazón te late muy deprisa y tienes ganas de pegar, empujar y gritar”. En caso de que no esté lo suficientemente tranquila, debemos seguir conectando con ella y no dar ninguna narrativa hasta que esté en disposición de pasar a la siguiente fase. Dar una narrativa o una explicación es fundamental para el menor.

Para ello, basándome en mi maestra Begoña Aznárez, desarrollé el modelo SEPA, que son las iniciales de los cuatro elementos que son esenciales que incluyamos en una buena narrativa:

Sensaciones (S): tienen que ver con los aspectos físicos del cuerpo, ya que cada vez que nos emocionamos el cuerpo reacciona acelerándose el corazón, sudoración de manos, aumento o disminución de la temperatura, temblor de piernas, piel de gallina, etc. Así, también, podemos reconocer una emoción en función de cómo reacciona el cuerpo. Por ejemplo, cuando vemos a alguien que se pone colorado y agacha la cabeza, podemos intuir que siente vergüenza. El verbo que utilizamos en la narrativa que le demos al niño suele ser “notar”. Por ejemplo, notas que el corazón va muy deprisa, te sudan las manos, notas un nudo en la garganta o tienes la boca seca.

Emociones (E): en este punto etiquetamos o nombramos la emoción que esté sintiendo nuestro hijo. Por ejemplo, miedo, rabia, orgullo, curiosidad, tristeza, etc. El verbo que solemos utilizar para narrar las emociones es “sentir”. Tengamos en cuenta que las narrativas se pueden hacer tanto en presente como en pasado o futuro. Algunos ejemplos serían sientes miedo, es posible que sientas vergüenza, sientes rabia, sentiste celos, etc.

Pensamientos (P): las ideas o los pensamientos suelen estar asociadas a las emociones que sentimos. Así, por ejemplo, el pensamiento asociado a la rabia tiene que ver con creer que algo es injusto o no poder hacer algo que queremos, mientras que en la tristeza es haber perdido algo importante para nosotros. El verbo que solemos utilizar es “pensar”. Si nuestro hijo siente vergüenza, podemos decirle: piensas que no estás a la altura que tus compañeros (presente) o es posible que pienses que todos se reirán de ti (futuro).

Acciones (A): en la narrativa es fundamental que explicitemos la conducta o comportamiento que se llevó a cabo o que se puede llevar a cabo. Aquí podemos utilizar cualquier verbo. Algunos ejemplos serían: por eso empujaste a tu hermana (pasado), no quieres jugar con Juan (presente) o es probable que quieras salir corriendo (futuro).

Una vez que hemos visto brevemente los cuatro elementos del modelo SEPA, veremos un ejemplo de una propuesta de narrativa coherente, respetuosa y que empodere al niño. En el parque, Lucas no ha querido compartir su juguete favorito con su amigo Nacho. En el momento en que Nacho se acerca a pedírselo y Lucas no se lo deja, Nacho siente mucha rabia y se ve tentado a agredirle. En un primer momento, es fundamental conectar con la emoción que siente Nacho, además de ponernos a su altura y mirarle a los ojos, para posteriormente dale una narrativa. Son muchas las explicaciones que nos servirían para redirigir a Nacho pero aquí os presento una: “Nacho, sientes mucha rabia (emoción) porque tu amigo Lucas no quiere dejarte el juguete. Por eso notas que el corazón te late muy deprisa, tienes la respiración entrecortada y los brazos están tensos (sensación). Es normal que pienses que es injusto que Lucas no te lo deje (pensamiento) y por eso has intentado empujarle y tirarle arena (acción)”. Recordemos que no se puede dar una narrativa hasta que el menor esté suficientemente tranquilo.

La elaboración de narrativas en nuestro día a día es algo que requiere de práctica y entrenamiento. No sale a la primera. Requiere de esfuerzo y perseverancia pero merece la pena. Recordad que las narrativas se pueden hacer en cualquier tiempo verbal (pasado, presente y futuro) y los cuatro elementos (sensaciones, emociones, pensamientos y acciones) se pueden explicitar en cualquier orden, no tiene por qué seguir siempre una misma disposición. Y ya para acabar, los tres requisitos para poder poner en marcha la estrategia de conectar y redirigir serían los siguientes: mirar incondicionalmente a tu hijo, mantener la calma (todo lo que puedas) y, en último lugar, en caso de que no puedas tu sola/o pide ayuda.

 

 

jueves, 2 de junio de 2016

“¿Crianza respetuosa? ¡Pequeños tiranos!” (Diez malentendidos habituales sobre la crianza con apego)

“¿Crianza respetuosa? ¡Pequeños tiranos!” (Diez malentendidos habituales sobre la crianza con apego)


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Cuando hablamos de una crianza respetuosa, hay personas que se llevan las manos a la cabeza…
No puede ser, me dicen a veces, que a los niños se les dé siempre todo lo que piden, que les dejemos hacer lo que les de la gana”.
Claro, digo yo entonces: Es que eso no es una crianza respetuosa.
Ocurre a veces que confundimos respeto con descuido, libertad con abandono, espacio propio con falta de atención, atención con sobreprotección…
La crianza respetuosa es una crianza con consciencia. La crianza con apego, es una crianza desde el corazón,bien conectado, bien ajustado; hacia el corazón de nuestros pequeños.
En estas diez claves, sobre diez malentendidos habituales acerca de la crianza respetuosa, confío aclarar algunas dudas, y ayudar a acercarnos un poquito más a la crianza con consciencia, y corazón.

Diez cosas que la crianza respetuosa no es

Una Crianza Respetuosa:
  1. No es dejarles hacer todo lo que quieren. Es entender qué necesitan. Saber si aquello que necesitan está dentro de nuestras posibilidades, de las posibilidades de la situación; y si es así, respetar esa necesidad, y darles la libertad necesaria para satisfacerla.cole8
  2. No es darles todo lo que te pidan. Es entender qué te están pidiendo, y por qué. Es estar atentos a si se trata de una necesidad genuina, o no. Es confiar en su autorregulación, y también en nuestra capacidad de percepción, de cuidado. Y darles lo que sintamos que a todos nos viene bien.
  3. No es educar sin límites. Es establecer unos límites justos, adecuados a las situaciones, y a las necesidades: Tanto las de ellos, como las de nosotros.niñocubo
  4. No es anteponer sus necesidades, todo el tiempo, a las nuestras. Es encontrar el equilibrio, para que en la medida de lo posible, todos seamos felices: Tanto mayores, como pequeños.
  5. No es dejarles solos. Es dejarles el espacio preciso, atentos a si realmente necesitan nuestra intervención. Es permanecer a una distancia adecuada, y estar disponibles para, si la necesitan, ofrecérsela.niñoscorriendo
  6. No es darles todo el poder de decisión. Es hacerles partícipes del proceso, dejándoles la posibilidad de elección en los asuntos que entendemos que pueden hacerlo. Es estar atentos a qué responsabilidades están preparados para asumir, y darles la oportunidad de asumirlas. Y los adultos, tomar las nuestras.
  7. No es no intervenir. Es estar atentos, muy atentos, a qué realmente necesitan de nosotros, en cada momento. Y dárselo. Es dejarles la oportunidad de equivocarse, de cometer errores, de volverlo a intentar; como parte del aprendizaje. Sin descuidar, sin estorbar.niñoexplorando
  8. No es no poner consecuencias a su comportamiento. Es entender qué les hace comportarse así, y hacerles entender también a ellos, en la medida de sus posibilidades, de cada momento. Es proponer consecuencias consecuentes a los motivos de su conducta, y no (o no sólo) al resultado final.
  9. No es evitar los conflictos. Es abordar estos conflictos de manera calmada, consecuente, amorosa; y resolverlos constructivamente, para aprender de ellos todos juntos.perdonate2
  10. No es tratarlos como si fueran más importantes que nosotras, personas adultas. Es tratarlos, y tratarnos a nosotras mismas, como los seres maravillosos que somos. Es verlos y comprenderlos en toda su belleza, en toda su grandeza, todo su potencial. Y también en toda su fragilidad, toda su necesidad de amor, todo su proceso de aprendizaje. Exactamente igual que nosotros.

Crianza respetuosa, crianza consciente

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Como en tantos otros aspectos de la vida, difícilmente  vamos a estar siempre conectadas, sabias, calmadas, equilibradas… Para cumplir todos los “requisitos”.
No, no somos perfectas ni perfectos. Es, como tantas otras cuestiones, un proceso, de aprendizaje, de autoconocimiento, de crecimiento… Tendremos días y días, momentos y momentos; y lo realmente importante es que pongamos nuestra consciencia en mantener la dirección.
Una crianza respetuosa exige un alto nivel de implicación. Para estar presentes, atentas, conectadas con nosotras y con ellos.
Una crianza respetuosa implica un alto nivel de consciencia. Hacia nosotros mismos, y hacia nuestros hijos. De conocimiento de nuestras capacidades, nuestras necesidades, nuestras emociones… Y de las suyas.
Una crianza respetuosa implica un alto respeto… Hacia nuestros hijos, y hacia nosotras mismas.
Y también, es así cómo la crianza puede ser la mayor oportunidad de crecer en el amor, que nos otorga la vida.
¿Te atreves?
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Ana Martínez Acosta
Psicóloga. Terapeuta Corporal Integrativa. 
Educación,  Crianza y Vida con Corazón.

viernes, 18 de marzo de 2016

Si niegas la emoción, ésta no desaparece, seguirá dentro de ti

Si niegas la emoción, ésta no desaparece, seguirá dentro de ti

¿Te has preguntado alguna vez cuál es tu emoción más temida?
Estamos muy acostumbrados a que sea nuestra parte racional la que impere sobre el resto de motores que componen nuestro ser. Nos dejamos gobernar por lo que pensamos, sin cuestionarnos que a veces la mente es tramposa y susceptible de enredarse en ideas, creencias, juicios… No solemos valorar toda la información que nos ofrece para nuestro crecimiento y plenitud nuestro mundo emocional. La integración de lo mental, lo emocional y lo corporal nos haría más completos.
Hemos aprendido a ocultar, negar y no validar las emociones bajo mandatos como “no estés triste” o “no tengas miedo”. Debemos partir de la premisa de que ninguna emoción es buena o mala, simplemente es. Aceptemos que todas las emociones, gestionadas con sus niveles de intensidad y duración en el tiempo, son necesarias y sirven para dar salida a través de su expresión a movimientos internos en un acto de liberación.
EMOCIONES NEGADASComo bien es sabido, no todas las emociones gozan de buena reputación. El miedo no está muy aceptado socialmente en el género masculino, o la rabia en el femenino, por ejemplo.
Cuando negamos una emoción, ocurre que la emoción sigue estando ahí dentro, todo lo no expresado se nos enquista y acumula, se queda atrapado en algún lugar de nuestro cuerpo. Al no encontrar salida, provoca un daño, o a veces, busca otras salidas como la expresión de otra emoción, que no corresponde pero que la sustituye. Así, si no me permito la rabia, probablemente acabaré sintiendo tristeza sin comprender muy bien qué me pasa.
Entender la rabia como violencia es tener una visión sesgada de esta emoción temida. La rabia nos conecta con una energía muy movilizadora, nos pone en marcha con determinación. Todos necesitamos nuestra dosis de rabia para enfrentarnos a uncasting o a una reunión decisiva. Cuanto más conscientes seamos de nuestra rabia, más hábilmente podremos ponerla a nuestro servicio sin temerla o negarla. La expresión de la alegría, que goza de tan buena fama, en ocasiones puede estar ocultando una emoción menos deseada como la tristeza o el miedo, que a su vez, también cumplen su función necesaria. La tristeza nos ayuda a expresar el dolor y transitarlo, y el miedo nos protege poniéndonos en alerta ante algún posible peligro.
Por eso es tan importante el trabajo sobre la gestión emocional, para poder observar, identificar, permitir, expresar y gestionar, sin juicios y con consciencia, el fascinante universo de las emociones.

domingo, 28 de febrero de 2016

Por qué jugar con botas de agua aunque haga sol



OS DEJO UN ARTÍCULO DEL BLOG TIERRA EN LAS MANOS QUE ME PARECE INTERESANTE


LOS NIÑOS TIENEN QUE PODER MANCHARSE JUGANDO

portada jugar con botas de aguaAntes de ser madre no me hubiera imaginado jamás que en casa usaríamos tanto las botas de agua. Es más, la primera vez que le compré al peque botas la gente me decía que era un gasto innecesario. Total, para los 4 días de lluvia que hay en el Mediterráneo…
Para mi sorpresa, es un calzado que hemos amortizado muchísimo y no porque haya empezado a diluviar a menudo por aquí. Sino porque nuestra forma de entender la infancia y sus necesidades nos ha llevado a ello.
Nada tiene que ver esto con una pedagogía determinada. Siempre defiendo que todos los niños (al margen de la pedagogía educativa que nos parezca más adecuada) tienen una necesidad innata de jugar con agua, tierra, barro y arenaSon los primeros materiales sensoriales que nuestra biología espera tocar y manipular y si les dejáis… veréis que los niños se van directitos a por ellos en cuanto tienen la oportunidad.
jugar con barro 1
Nunca le he prohibido a Terrícola que juegue con agua o tierra. Lejos de importarme que se manche… me encanta ver las rodilleras de los pantalones marrones o verdes, jiji. Pero reconozco que en invierno la cosa se complica, pues con agua cerca siempre acaba chorreando y al final hay que cambiarse de ropa.
Así que poco a poco… empezamos a poner botas de agua casi a diario, aunque hiciera un sol espléndido. En nuestro país, en general, no tenemos la costumbre de que los niños se vistan y calcen con ropa de lluvia… para jugar al aire libre. Pero si queremos que jueguen a fuera con libertad es una idea estupenda.
salir con botas de agua
De nada sirve adaptar los espacios exteriores, reverdecerlos, hacerlos más naturales, incluir agua en las zonas de juego… si vamos a estar continuamente diciendo “no te mojes”, “cuidado que te manchas”, etc.
Si cambiamos una pieza en la crianza o la educación… hay que cambiar muchas otras, es una reacción en cadena. En este caso, si cambiamos los espacios exteriores para “naturalizarlos” también debemos cambiar nuestra mentalidad, aceptando que se van a mojar y manchar (y eso es lo divertido).
Cuestión distinta es cómo nos llevamos los adultos con el barro y por qué nos importa tanto que se manchen. Te invito a reflexionarlo y te hablo de ello en breve, para no hacer este artículo muy largo.
Nosotros, como cuidadores, tendremos que ofrecer las “herramientas” necesarias para que eso suceda de una forma en la que los niños estén cuidados y los adultos en harmonía. Es por eso que usar las botas de lluvia y ropa impermeable para jugar con agua, en invierno, tiene un montón de beneficios: sus prendas vuelven más integras, su confort es mayor al no pasarse el rato de juego chorreando y de repente su creatividad con el barro parece no tener límites.
jugar barro 5Así acaban las botas y la ropa tras un rato de juego a fuera…
Estoy hablando del invierno o cuando hace frío, por supuesto. En cuanto empieza el calor, al menos por mi parte, me parece estupendo que vayan como quieran, que se mojen y se manchen por doquier, jajaja. La misma agua que les moja y mancha les limpiará después! 😉
jugar con tierra 4Los días de calor nada mejor que percibir la tierra con el propio cuerpo…
Y si os importan las manchas de tierra, que os aseguro que cuestan de quitar… ropa vieja para jugar a fuera en verano y problema solucionado, jeje.
PONED LAS BOTAS EN LA ENTRADA O RECIBIDOR
Por suerte, cada vez veo en más escuelas que las entradas están llenas de grandes armarios o estanterías repletos de botas de aguas e impermeables… y reconozco que me encanta. Pienso en todos los charcos que saltan esas botas (y no son charcos de lluvia, sino charcos creados por los propios niños para jugar con la arena), en los peques sentados sobre tierra empapada haciendo pastelitos o excavaciones varias… Y pienso: ¡¡esto va bien!!
botas agua escuela
Ojalá pronto sea lo habitual en todas las casas y escuelas. Recibidores con impermeables y botas de agua. :-)
En mi experiencia en el grupo de crianza compartida lo ideal es que las botas y las prendas que queráis que usen para jugar afuera con agua y tierra estén justo a la salida del espacio, ya sea dentro o fuera. Que sea algo fácil de ver al salir al exterior.
De esta forma es muy intuitivo, al cruzar el umbral de dentro hacia fuera veo mis botas y el impermeable y me lo pongo. Las primeras veces cuesta, después es un hábito (con los más peques es probable que si te despistas… salgan tal cual a fuera, pero poco a poco, jejeje). Lo mismo sucede al regresar a casa o el aula: cruzo de nuevo la puerta, dejo las botas y el impermeable y me voy sequit@ para dentro.
En casa, si tenéis jardín o vais a parques en los que puedan usar agua y embarrarse… podéis aplicar la misma idea. ¡Material impermeable a la salida!
botas en el recibidor
Sé que muchas veces a los adultos nos da reparo que los peques se embadurnen de arriba abajo (te hablaré de ello en breve) pero la verdad es que para explorar el mundo que les rodea los niños necesitan poder experimentar sin pensar en posibles manchas. Por eso lo mejor es que salgan a jugar preparados (ropa vieja en verano, ropa impermeable en invierno) para que nadie les quite la libertad de ensuciarse jugando.
jugando con tierra
Los niños recordarán mucho más los días de barro y juego que las manchas en sus ropas.

Por qué todos los niños deberían jugar con materiales no estructurados

Os dejo un artículo del blog tierra en las manos que me parece interesante

Siempre había pensado que los niños no necesitan excesivos juguetes y que a menudo disfrutan más con el envoltorio que con el propio material en sí. Pero ser madre me ha hecho profundizar en esta afirmación tan sencilla, reflexionar sobre qué materiales le ofrezco a Terrícola, porqué, y que posibilidades de juego desarrollará con cada cosa que se encuentre en su camino.

La realidad es que muchos de los juguetes que ha recibido el peque han acabado en el olvido a partir del segundo día. Algunos han tenido peor suerte y no suscitaron interés alguno ni al momento de recibirlo. Y unos pocos afortunados han dado para horas de juego una y otra vez.
¿Cuál es el secreto del éxito? Seguramente lo más importante es que ese juguete tenga alguna relación con su destinatario, tanto con sus intereses como con la etapa evolutiva en la que se encuentra. Vaya, que a un bebé gateador no le regalaríamos una bicicleta o a un niño de 10 años no le regalaríamos un correpasillos, ¿verdad?
Pero aparte de observar cuál es el interés del pequeño creo que es importante que al menos varios de los materiales que tenga el niño a su alcance sean “juguetes” no estructurados. Es decir, materiales que no tengan ningún fin concreto. Con ello me refiero a bloques de madera, piedras, palos, cajas de cartón, etc. Como ves, no tienen ni porqué ser juguetes. En cambio, los juguetes estructurados son aquellos que tienen un fin concreto, en los que el propio material ya indica para que sirve (un puzzle, por ejemplo) o bien son juegos en los que hay instrucciones y normas claras (deportes de equipo, juegos de mesa, etc.).
¿Pero por qué es importante ofrecer materiales no estructurados? Pues porque cuando les damos juguetes a los niños con un diseño muy específico (herramientas de trabajo, tazas y platos de juguete, coches con luces y sonidos, etc.) realmente no está surgiendo el “juego simbólico” sino que es “literal o imitativo”: los niños usan esos materiales imitando lo que hacemos los adultos con ellos y usándolos literalmente para lo que sirven. Pero el juego realmente simbólico nace cuando los niños recrean algo distinto sobre un “material, juguete o artilugio”, es decir, cuando juegan a coches con piedras o esas mismas piedras se convierten en monedas, cuando a unas maderas les dan el valor de una plancha, o un teléfono… Si os interesa el tema, podéis leer más sobre ello en Alaya Difundiendo Infancia o en este otro artículo muy interesante también.
En la imagen, la pequeña recrea un arco y una flecha con dos palos. La fotografía es de Lia Duran Fotografía, ¡mi fotógrafa preferida!
Abasteciéndoles de todo tipo de juguetes, uno para cada cosa y función (les compramos la cafetera, les regalamos las tacitas, o todo tipo de coches, puentes, etc. etc.) estamos dificultando que nazca un juego de creación y se quedan sólo en la imitación.
No hace mucho mi amiga Noe me contó una anécdota que me hizo reflexionar y creo que tiene relación con este tema. Me dijo que cuando observaba que su hija jugaba a algo sin parar con algún material no estructurado (por ejemplo, jugaba a planchar ropa usando como plancha una madera) si le compraba la plancha de juguete la niña dejaba de jugar a eso. Y pienso que precisamente es porque la recreación que ella hacía, el juego simbólico al que jugaba, desaparecía al tener una plancha en sus manos. Era demasiado real y quedaba menos espacio para la imaginación.
Por supuesto que no estoy defendiendo que los juguetes no son útiles, necesarios o divertidos. Porque no se trata de elegir entre “juguetes estructurados” y “juguetes no estructurados”. Sería como decir… ¿Le compras ropa interior o de calle? o ¿le ofreces a tu hijo fruta o verdura?  Pues seguramente todo es bueno y adecuado, ¿no? Por eso creo que, junto a los juguetes clásicos de toda la vida que todos tenemos en mente, es ideal poner a su alcance materiales no estructurados.
En realidad, esto no requiere mucho de nuestra parte… porque la cosa menos pensada sirve para jugar. Incluso… sin ningún material puede surgir el juego no estructurado, solo con la imaginación.
Por si necesitáis inspiración, os dejo algunas ideas para que podáis ver como los materiales no estructurados pueden ser de muchos tipos y cualidades.
Elementos de la naturaleza
Creo que la naturaleza es un lugar perfecto de juego, en el que todo es no estructurado. Como no hay juguetes en ella, los niños se abastecen de ella para recrear cuanto necesitan imaginar.
Suelen jugar con:
  • palos
  • piedras
  • tronquitos de todo tipo
  • piñas
  • conchas
palos juguetes no estructurados
Los palos de la foto forman parte de nuestra colección (o recolección mejor dicho, jajaja) de palos. La foto es de hace algún tiempo, prometo que ha aumentado alarmantemente… y lo peor es que yo contribuyo a ello. Veo un palo en el bosque y pienso… con esto haremos esto, con aquello lo otro… 😉
Materiales de reciclaje
En realidad, cualquier objeto sirve para jugar de forma imaginativa, incluso aquellos que para los adultos ya no tienen finalidad y van a la basura. Por ejemplo:
  • tapones de botellas de agua
  • rollos de papel de water
  • tapones de corcho
  • botellas de plástico
  • cartones
Materiales comprados
Por suerte, cada vez más marcas y fabricantes están elaborando materiales no estructurados, que tienen un diseño cuidado, con materias primas de calidad. Ya sabéis que me encantan los materiales de Grimms, que también tienen varios juguetes de este estilo, materiales que en sí no son nada, pero que a través de la imaginación del niño se convertirán en lo que él necesita.
Materiales Grimms
Recientemente, además, he conocido a través de Instagram GRAPAT, una nueva marca española, de fabricación nacional, que hace unas cositas tan preciosas… todas, con la idea de ser elementos muy libres para jugar.
materiales grapat
También existen muchas marcas distintas que fabrican eco-bloques. En casa son un éxito. Sirven para hacer torres, crear casitas, murallas, cualquier bloque de madera puede convertirse en un coche, una persona, etc.
collage eco bloques
BENEFICIOS DE LOS JUGUETES NO ESTRUCTURADOS
Me gustaría acabar este artículo resumiendo que este tipo de materiales tienen un montón de beneficios para el niño:
Estimulan el pensamiento creativo: este tipo de objetos no tienen una función clara así que es el niño quien debe darles una finalidad y crear las historias que quiera.
Se adaptan a la etapa evolutiva del niño: como este tipo de materiales no tienen una finalidad concreta y están poco elaborados van a acompañar al niño durante más años porque se adaptarán a su desarrollo y cambio de intereses.
Este año, por ejemplo, Terrícola y yo estamos pasando algunas mañanas a la semana con otras familias con niños mayores. Solemos ir a la montaña o a parques y observo cómo cada niño disfruta por igual pero cada uno usa lo que tiene a su alcance de forma distinta. Terrícola suele jugar a cavar agujeros en la arena, a remolcar la arena sobrante, etc. Una amiga suya, de 9 años, suele usar la arena y la tierra como una arqueóloga. Me encanta verla puliendo el suelo con sus micro-palas, o haciendo un surco alrededor de una piedra incrustada en la tierra para rescatarla.
Evita la sobreestimulación: no hay luces y no hay sonidos, por lo tanto, no hay estímulos externos sino que tienen que salir de dentro del niño. A veces pensamos que si un juguete no es bastante estimulante… el niño se va a aburrir. ¡¡¡Pues genial!!!! El aburrimiento es un escenario magnífico para que la imaginación salga a escena.
construcción con bloques
Torre que construyó Terrícola con cemento (de arena y agua) y maderas. Me flipa cuando se inventa cosas así.
Seguro que muchos ya tenéis este tipo de materiales en casa. Para quienes no tengáis, os animo de verdad a recolectar o comprar todo tipo de elementos y permitir que vuestros hijos los usen sin instrucciones ni direcciones. No hay nada más gratificante que ver como los peques crean mundos fantásticos e historias increíbles prácticamente de la nada.
Con el material menos pensado, con los elementos más sencillos, la magia del juego sucede.